No me gusta mucho programar pero llevo días preguntándome dónde estaré el próximo 12 de agosto . Y es que ese día tendrá lugar en nuestro país un fenómeno astronómico casi irrepetible: un eclipse solar que podrá contemplarse con facilidad en la zona norte de España, especialmente en el arco de la Península Ibérica que une el Cantábrico con el Mediterráneo.
Con ese motivo, desde la Asociación de Periodistas de Aragón y el CEFCA (Centro de Estudios de Física del Cosmos de Aragón) este mes de febrero se ha organizado en Teruel un curso dirigido a profesionales de los medios de comunicación y que reúne a los principales expertos nacionales en astronomía y divulgación científica.
Allí he estado y mientras les escuchaba, me he acordado mucho de tantas vivencias nocturnas en los Pirineos y principalmente en el Valle de Hecho. Un Universo sin filtros, sin ruido visual; territorios que son templos naturales de la noche como la Sierra de los Dos Ríos. Nunca respiraré como en la Selva de Oza y Guarrinza, cuando un río de luz, que es La Vía Láctea, se te acerca y eres parte de ese camino cósmico que parece nacer entre las montañas. Inolvidable también ver amanecer en Gabardito o dormir noches enteras al aire libre en Reclusa protegida por las constelaciones.
También he pensado mucho en la contaminación lumínica y en cómo equilibrar seguridad, economía energética y preservación del cielo nocturno.
De todo ello iré escribiendo… por ahora !bailemos!
COREOGRAFÍA DE UN ECLIPSE DE SOL
Todo comienza con una danza perfecta. La Luna, viajera silenciosa, se alinea entre la Tierra y el Sol con una precisión tan exacta que parece imposible. Entonces ocurre lo impensable: el astro Sol que sostiene la vida, el que marca los días, las estaciones y el tiempo, comienza a desaparecer. La luz se debilita, el día se vuelve crepúsculo. La temperatura desciende, unos animales callan, otros gritan , los insectos confunden la hora y toda la Naturaleza siente que algo extraordinario está sucediendo.
Y cuando el Sol queda oculto, aparece la corona solar: una corona de fuego blanco, etérea, casi divina, flotando en la negrura del cielo. Es como si el universo nos permitiera, por unos instantes, ver el alma de una estrella.
Durante segundos, en los momentos anteriores y posteriores al eclipse solar total, aparecen alrededor de la Luna una cadena de puntos brillantes de luz que brilla a través de las montañas lunares. Son las perlas de Baily. Todo nuestro cuerpo se estremece; más que observar un eclipse de Sol lo vivimos.
Cuando la luz regresa, cuando el Sol reaparece y el día vuelve a nacer, no somos los mismos. El eclipse no oscurece el mundo, nos revela algo. Un algo que se ha alineado también dentro de nosotros.
Todo está conectado.
Todo se mueve.
Todo es danza.