¿Puede el Pirineo convertirse en tierra de lavanda? ¿Es posible diversificar la agricultura del Valle con cultivos distintos a los de siempre? Estas preguntas han estado sobre la mesa durante los dos últimos años gracias a BIOPIRINEO, un proyecto que ha explorado nuevas posibilidades para el medio rural de montaña.
Detrás de los estudios técnicos ha estado el CITA (Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón), un organismo público del Gobierno de Aragón dedicado a investigar y ensayar alternativas que puedan ser útiles para el territorio. En este caso, el objetivo era claro: comprobar si determinados cultivos alternativos, especialmente plantas aromáticas y medicinales, pueden adaptarse a las condiciones del Pirineo y ofrecer una oportunidad real para agricultores y emprendedores locales.
Probar para saber si funciona
Más allá de la teoría, el trabajo del CITA ha consistido en ensayar sobre el terreno distintas especies como lavanda, romero o tomillo, analizando cómo soportan el frío, cuánta agua necesitan, qué producción ofrecen y qué calidad tiene el producto final.
“En zonas de montaña no todo vale”, explican desde el equipo técnico. Las heladas, la altitud y la variabilidad climática son factores que condicionan mucho cualquier iniciativa agrícola. Por eso era importante realizar pruebas reales y obtener datos antes de hablar de nuevas oportunidades.
Los resultados han sido positivos: algunas de las especies estudiadas han mostrado buena adaptación al clima pirenaico, con necesidades hídricas moderadas y producciones de calidad, especialmente en el caso de ciertas variedades de lavanda.
Parcelas pequeñas
Estos cultivos no requieren grandes extensiones. Pueden implantarse en parcelas pequeñas o terrenos actualmente en desuso,
Pequeñas superficies, grandes posibilidades
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que estos cultivos no requieren grandes extensiones. Pueden implantarse en parcelas pequeñas o terrenos actualmente en desuso, lo que abre la puerta a iniciativas a escala familiar o incluso municipal.
Además, las plantas aromáticas ofrecen diferentes vías de aprovechamiento: venta de planta seca, destilación para obtener aceites esenciales, elaboración de productos cosméticos o aromáticos… Todo ello encaja con tendencias actuales como el consumo de proximidad, la producción ecológica o el turismo ligado a la experiencia rural.
No se trata de sustituir la agricultura tradicional del Valle, sino de complementarla y diversificarla.
Un paso hacia la diversificación rural
BIOPIRINEO ha servido para sentar bases. Ha demostrado que existen alternativas viables y que el territorio tiene potencial para desarrollar nuevos modelos productivos adaptados a la montaña.
El futuro dependerá ahora del interés que pueda surgir entre agricultores, jóvenes emprendedores o ayuntamientos que quieran recuperar tierras y darles un nuevo uso. Desde el CITA subrayan que la investigación ya ha hecho su parte: “Ahora sabemos qué puede funcionar y en qué condiciones”.
En un momento en el que el reto demográfico y económico sigue siendo una preocupación en el Pirineo, proyectos como BIOPIRINEO aportan algo fundamental: información rigurosa para tomar decisiones con menos incertidumbre.
Porque a veces innovar no significa cambiarlo todo, sino probar, medir y descubrir que en el Valle también pueden crecer nuevas oportunidades… incluso en forma de lavanda.
Juliana Navarro Rocha
Investigadora
Departamento de Ciencia Vegetal CITA