Durante siglos y siempre que el tiempo lo permitía, cada 18 de octubre, día de la festividad de San Lucas, los representantes de Echo y Ansó se avistaban en la muga que separaba ambos valles, en la partida conocida como “la Escarroneta”.
Acompañados de un notario de cada lado, las autoridades chesas y ansotanas se personaban junto al mojón que dividía los términos de ambos valles a las 10:00 de la mañana, puntualmente. Allí leían los acuerdos entre Ansó y Echo, dirimían las diferencias que a lo largo del año anterior se habían suscitado entre los vecinos ganaderos de ambos valles, decidían cómo se gestionarían los pastos en los meses siguientes y terminaban, en ocasiones, con un almuerzo de fraternidad. Y así hasta el año siguiente, siempre que no sucediera nada extraordinario.
Estas vistas o junta de la Escarroneta se celebraban desde que en 1651 los valles de Ansó y Echo firmaran un acuerdo que establecía que todos los años, sin falta, se celebraría una entrevista para resolver las diferencias que se hubieran producido entre chesos y ansotanos el año anterior. El acuerdo era, en realidad, una adición o añadido a una concordia suscrita por ambos valles casi medio siglo atrás. Concordias y sentencias arbitrales eran dos tipos de pactos muy frecuentes en el Pirineo que servían para regular la propiedad, uso y disfrute del recurso natural del que dependían las comunidades de montaña: la hierba.
Las sociedades pirenaicas dependieron hasta hace sólo unas décadas de la ganadería extensiva trashumante, que pasaba una parte considerable del año en los valles, fuera en los puertos estivales o en los pastos de tránsito durante la primavera y el otoño. De la gestión sostenible de la hierba dependía la subsistencia de la casa y el valle, por lo que la regulación y vigilancia de los pastos era un asunto crucial. Por eso, las comunidades pirenaicas desarrollaron normas e instituciones para garantizar que las hierbas que pastaban sus ganados estuvieran bien reguladas, asegurando la sostenibilidad del sistema.
En el caso de las montañas compartidas entre dos pueblos o valles -por ejemplo, Guarrinza, Estribiella o Reclusa-, la manera más habitual de regular la posesión y uso de los pastos eran las concordias y sentencias arbitrales. Si bien es cierto que figuras externas de prestigio actuaban como árbitros entre los valles, la iniciativa de firmar acuerdos provenía siempre de las autoridades locales. Ansó y Echo firmaron concordias y sentencias arbitrales desde la Edad Media, tras la concesión a Ansó por parte de Jaime I de un privilegio en 1234 por el que le hacía propietario de amplios territorios que, en ocasiones, eran más fácilmente accesibles desde Echo que desde el valle ansotano. Durante los siglos medievales y la Edad Moderna, se sucedieron los conflictos, en ocasiones sangrientos, y también los acuerdos en torno al uso de los pastos comunes entre Echo y Ansó. Las últimas concordias y sentencias arbitrales se firmaron en el siglo XVII, aunque con la institucionalización de las vistas de la Escarroneta se creó un mecanismo que permitía resolver los conflictos sin necesidad de diseñar, negociar y firmar nuevos acuerdos.
En realidad, tanto concordias como vistas eran elementos constitutivos de un comunal como los que analizó Elinor Ostrom, la primera mujer en ser galardonada con el premio Nobel de Economía en 2009. Esta politóloga estadounidense definió ocho “principios de diseño” o características básicas presentes en todos los comunales que, traducidos a la realidad de chesos y ansotanos, eran los siguientes: 1) una delimitación clara del territorio de cada valle mediante las mojonaciones y una revisión periódica de las mugas; 2) normas como las concordias creadas por las propias comunidades locales;
3) una participación regular de las autoridades, vecinos y ganaderos de uno y otro valle en la gestión de los recursos pascícolas; 4) la intervención mínima por parte de actores ajenos a los valles de Ansó y Echo; 5) graduación de las multas y penas que se imponían a quienes contravenían las normas; 6) nombramiento de guardas por parte de los dos valles, que se verificaba en Pentecostés; 7) mecanismos como las vistas, en las que se resolvían las diferencias entre ansotanos y chesos; 8) el anidamiento de la institución de la casa dentro de la villa o lugar, y a su vez la inclusión de esta villa o pueblo, con sus normas, dentro del marco más amplio del valle, con sus propias normas y procedimientos. Concordias, sentencias arbitrales y vistas formaban parte, en definitiva, de los comunales que Ostrom diseccionó y que autores como el polígrafo aragonés Joaquín Costa habían descrito y analizado ya anteriormente.
Aunque las vistas no comenzaron con muy buen pie -el 18 de octubre de 1653 los ansotanos esperaron hora y media a que llegaran los chesos y más tarde reclamaron los 200 sueldos jaqueses establecidos como multa en caso de faltar a la cita-, los archivos revelan que el mecanismo de resolución de conflictos funcionó razonablemente bien durante décadas. Aunque hubo diferencias entre ambos valles que se ventilaron en tribunales a finales del siglo XVII y a mediados del XVIII, las vistas de la Escarroneta lograron mantener una relativa armonía entre Echo y Ansó. Durante años, fueron imponiendo penas y decidiendo sobre la gestión de Soasqui (actual Guarrinza) y los demás pastos que poseían mancomunadamente.
Tras la guerra de Independencia (1808-1814), las vistas continuaron celebrándose con normalidad. Así lo demuestran los cuadernos de actas de la Escarroneta conservados en los archivos de ambos municipios. Estos documentos se complementan mutuamente: mientras que algunas actas aparecen repetidas, otras sólo se encuentran en el cuaderno cheso o en el ansotano, por lo que sólo una lectura cruzada permite recorrer las vistas durante el siglo XIX de manera continua. El cuaderno de Ansó, por ejemplo, relata cómo en 1824 se notificaron varias prendadas como la efectuada el 6 julio en Agua Tuerta, de 75 yeguas y 35 vacunos, que fueron entregados al boyero cheso Alberto López. En las vistas del año siguiente, los ansotanos informaron de que el 3 de mayo de 1825 habían prendado en el Sabucar 68 cabezas de ganado mayor y fueron entregadas a Lopico, regidor de Echo. Los asistentes a las vistas de 1851 celebraron la armonía entre los valles con un brindis que se hizo constar en el acta de la reunión conservada en el Archivo Municipal de Ansó:
Aquí Chesos y Ansotanos
todos somos de una tierra
y lo mismo en paz que en guerra
siempre seremos hermanos
En el cuaderno conservado en el archivo ansotano, sin embargo, no aparecen las actas de las vistas de la Escarroneta de 1855 y una junta extraordinaria celebrada en 1859. El cuaderno cheso contiene un acta de la primera de esas vistas, que explica que, teniendo en cuenta el gran número de pinabetes que existían en Guarrinza “que han llegado a su completo desarrollo y que se están continuamente deteriorando y perdiendo”, las autoridades de los valles decidieron “hacer una explotacion en la expresada selva”. Así se mejorarían las condiciones de la floresta que no progresaba, porque los árboles seculares “de estraordinarias dimensiones” impedían que los jóvenes se desarrollaran, robándoles “las sustancias que deben alimentarlos”. A propuesta de los síndicos cheso y ansotano, las corporaciones decidieron pedir al gobierno autorización para cortar 10.000 pinabetes y 1.000 hayas. Años más tarde, en 1917, la explotación de la madera de Guarrinza sería invocada por las autoridades municipales chesas para solicitar la redacción y aprobación del Proyecto de Ordenación de Montes, argumentando que había “inminente peligro que [sic] desaparezcan por vejez milenaria la riqueza forestal de sus montes, como ocurrió con el de Guarrinza, y también evitar la despoblación del término municipal, cuyos habitantes forzados por la miseria emigran para no volver”.
El acta de 1855 aparece copiada, pero ambas versiones están sin firmar, probablemente porque nunca se solicitó al gobierno la autorización. Al hablar de la riqueza forestal y de la miseria de chesos y ansotanos, las actas señalan indirectamente el tema de las vistas extraordinarias celebradas el 8 de abril de 1859. La reunión se celebró en la Escarroneta, “donde segun antiguas concordias y seculares sentencias arbitrales se reunen los Ayuntamientos de dichos Valles, cuando tienen que tratar de asuntos concernientes á los mismos”. El motivo de las vistas era la concesión a las autoridades políticas y militares de la provincia del título de vecinos de ambos valles, “el testimonio mas elocuente de gratitud que pueden ofrecerles los corazones de los chesos y ansotanos”. La razón por la que se les concedía el título era su decisión de levantar el estado de sitio que atenazaba a los valles desde hacía dos años. Como explica Antonio Martínez Valero en su blog, la represión del contrabando al que se vieron empujados los habitantes de los valles por la pobreza que padecían se saldó con una dura represión por parte de los carabineros, el brazo ejecutor del gobierno.
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